“Mamá, de mayor quiero ser influencer”

Si alguien nos preguntara hace treinta años qué nos gustaría ser de mayor, a nadie se le ocurriría contestar la palabra influencer. No sabemos hasta qué punto se le puede considerar profesión -es un debate abierto en el que muchas partes y expertos discrepan- pero lo cierto es que la influencia en el mundo de las redes sociales es un arma muy potente. 

Por eso, ser influencer es sinónimo de poder. No económico, ni político pero sí mediático: una opinión personal, una valoración sobre un producto o una invitación a realizar una acción se convierten en ‘un dicho y hecho’ para cientos de miles de millones de seguidores en redes sociales. Hoy nos centramos en este tema para hacer una reflexión en torno a la figura del influencer.

Y lo vamos a hacer basándonos en datos y estudios objetivos que demuestran con números las cifras de una profesión -o no- cada vez más extendida. ¿Hasta dónde llega el poder del influencer

Pues hasta bien lejos:  Socialbakers, la plataforma de marketing para redes sociales, ha lanzado un completo informe sobre las grandes cifras de la era del influencer en 2019 basándose en las tendencias de 12 millones de figuras influyentes en redes sociales. Ojo, ¡12 millones! Un mercado que se espera que se alcance de 5 a 10,000 millones de dólares hacia 2020.

Instagram es aquí la pepita de oro. Más concretamente los stories que, con un subidón del 21% en los últimos meses, ha propiciado que sea una fuente inestimable de engagement para las marcas. La pregunta que nos hacemos aquí es: ¿Qué porcentaje del contenido de los influencers está propiciado por la publicidad? A ciencia cierta no se sabe pero el contenido patrocinado en Instagram se ha incrementado alrededor del mundo. En Estados Unidos durante 2018 logró un crecimiento superior al 150%, según este mismo estudio de Socialbakers.

Hay influencers de muchos tipos. Se ha querido hacer una primera clasificación según el alcance y nos encontramos desde micro influencers, con menos de 10.000 seguidores, macro influencers, con menos de 50.000 y, por último, los celebrities, que superan el millón de followers. En Europa existe una clara mayoría de microinfluencers en Instagram superando el 80% del total, le siguen los influencers con menos de 50 mil seguidores, y casi igual número de influencers con entre menos de 100 mil seguidores y menos de 1 millón de seguidores.

¿Y cuál es su perfil? Las mujeres entre los 25 y 34 años son quienes captan el 23% del total de los seguidores. Habéis leído bien marcas, si este es vuestro target, ¡enhorabuena! Porque con los influencers tenéis bastante camino ganado en lo que a alcance se refiere.

No es oro todo lo que reluce

Pero a pesar de estas buenas cifras, como en todo negocio hay gente que intenta aprovecharse. Es lo que desvela un estudio de CHEQ, que apunta que el 15% de todo lo que las empresas gastan en influencers acaba en ‘malos actores’. 

Y decimos gastan, porque no es ni mucho menos una inversión: las estimaciones de este estudio apuntan a que este año se cerrará con una cifra de 1.300 millones de dólares en cuentas ‘fake’. Estamos lejos aún de los 23.000 millones que mueve el fraude en el marketing pero apunta una nueva tendencia: hecha la ley, hecha la trampa.

Es una nueva realidad, cambiante y potente. Las marcas todavía no saben cómo trabajar con esta nueva profesión y juegan mucho a ‘prueba y error’. En cualquier caso, lo cierto es que el 85% de los usuarios confían más en los contenidos generados por otros que en los generados por las marcas. Y es en esta cifra en la que nos tenemos que fijar, puesto que es la clave para que nuestro mensaje llegue de forma fidedigna al target concreto.

¿Qué responderíais ahora si vuestro hijo os dijera, “mamá y papá, de mayor quiero ser influencer?

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