¿Desfile de moda o espectáculo? Así fue Alexander McQueen

¿Quién fue Alexander McQueen y por qué hablamos hoy de él? Conocemos al gran icono de las pasarelas mundiales

 

Alexander McQueen fue un visionario. A lo largo de sus casi dos décadas de carrera, sus presentaciones -tanto para su sello homónimo como para Givenchy-, fueron una auténtica leyenda: diez minutos de teatro puro que cautivaban al público con una combinación de audacia y brillantez conceptual.

 

El ganador de cuatro premios al Diseñador Británico del Año, así como un CBE, está reconocido como un auténtico genio de la moda. Por ejemplo, su colección de 1992, titulada «Jack the Ripper Stalks His Victims«, incluía un abrigo con espinas y mechones del propio cabello de McQueen cosido en las prendas.

 

Son muchos los shows que han marcado un antes y un después: Desde «Taxi Driver«, en el que rindió homenaje al problemático protagonista de Martin Scorsese, Travis Bickle; o «Highland Rape«, que fue un desfile en el que trataba la violencia sexual; y “The Hunger” exhibió bustiers transparentes llenos de gusanos. Para «Dante» en 1996, un esqueleto estaba sentado en la primera fila y así podríamos seguir un largo etcétera de ejemplos en los que no nos podemos quedar indiferentes.

Tampoco se quedaron indiferentes sus posibles colaboradores. De hecho, las tácticas de choque de McQueen no siempre fueron un éxito con sus patrocinadores. El show SS98 del diseñador, financiado en parte por American Express, originalmente se tituló «The Golden Shower» antes de que la compañía exigiera que se cambiara el nombre. McQueen admitió que lo llamó «Sin título», pero eso no le impidió enviar modelos por una pista hecha de tanques llenos de agua mientras la lluvia caía desde arriba y los focos los bañaban con un sugestivo brillo amarillo. Para «Joan» más tarde ese año, su exploración de los elementos pasó del agua al fuego con un espectáculo que terminó con un modelo enmascarado rodeado por un anillo de fuego.

 

Mientras tanto, en 1999 “ Nº13” Fue la colección que consolidó la reputación de McQueen como el mejor showman. No solo presentaba al paralímpico Aimee Mullins con sus piernas protésicas talladas en madera de olmo, sino que terminó con dos robots pintando un vestido usado por la supermodelo Shalom Harlow. Este último se convirtió en uno de los finales de pasarela más memorables de la historia de la moda.

 

Pero el diseñador aún no había terminado. Durante la siguiente década, los asistentes a los espectáculos pudieron disfrutar de una presentación con un siniestro tiovivo, un juego humano de ajedrez, una visión de un mundo submarino después del cambio climático y un holograma fantasmal de Kate Moss.

 

Pueden gustarte o no su estilo o sus diseños, pero hay que reconocer que el espectáculo que da en cada uno de sus desfiles es digno de admiración. Y no hablamos solo del trabajo que lleva detrás, sino de la crítica social, el cómo enlaza dicha crítica con sus colecciones y cómo lo plasma en sus modelos.

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